Los piropos indeseados, las burradas callejeras

Tienes 13 años y vuelves andando sola desde el colegio por una avenida enorme en la que vas con los ojos guiñados porque te quema el sol de Murcia. A tu cuerpo le han pasado cosas raras que aún no asumes, como un par de tetas que no te parecen tuyas, aunque haces todo lo posible por acostumbrarte. Y entonces, un camionero te grita desde su cabina:

– “¡¡¡Nena!!!, si tu culo fuera un televisor, no pararía de tocarle los mandos”.  (Hablo de los tiempos pre-mando-a-distancia, claro).

Y tú estás a punto de caerte al suelo del susto. Además, el imbécil te lo suelta con la impunidad del que luego sale corriendo (en un camión). A ti te deja con el corazón acelerado y el desagradable regusto de que algo has hecho mal. Piensas que no te va a volver a pasar, que la próxima vez le contestarás o que cuando seas mayor nadie se atreverá a gritarte una burrada por la calle.

Pero no es verdad. Da igual lo que hagas o como vayas vestida, te va a seguir pasando toda la vida.

piropo

Te han dicho “guapa”, “tía buena” y cosas normales y luego burradas como

– ¡Morena! Te haría un pijama de saliva – y te miras los brazos con asco, como si algún perro te hubiera pegado un lametón.

Además, te has cruzado con varios caballeros por la calle que han considerado imprescindible que les vieras la “chorra”, uno incluso te persiguió por todo un barrio desierto en Murcia un agosto a mediodía, hasta que pudiste colarte en una tienda abierta.  Una vez viajabas en tren con una amiga, las dos concentradas en una conversación tonta, hasta que os distéis cuenta de que en el asiento de enfrente el tipo no era un maleducado que se rascaba los huevos, es que se estaba haciendo una paja.

El otro día publicaron estos datos de Europa, “un tercio de las mujeres europeas sufren violencia de género”, en España, una de cada cinco ha sufrido agresiones machistas. Si me hubieran preguntado a mí, yo habría dicho que no, que nunca he sido víctima de una agresión de ese tipo. Nada de lo que me ha pasado ha merecido que me molestara en ir a una comisaría a denunciar, la mayoría de las veces, ni siquiera se lo he contado a nadie. Pero me molesta, me agrede.

Y no soy la única. En Chile llevan tiempo movilizándose contra el acoso callejero, intentando que los hombres se pongan en nuestro lugar

En 50 ciudades del mundo se han movilizado mediante una red social que explican en este artículo en SModa.

Las nuevas tecnologías permiten que algunas mujeres se atrevan a responder con iniciativas como la de Alicia Murillo.

Mujeres que intentan que otras mujeres se den cuenta de que la solución no es meterse en un burka, que no es culpa nuestra por ir vestidas de una manera o de otra. Es algo que muestra muy bien este corto, que se filmó en 2010, pero ahora se ha convertido en viral.

Eléonore Pourriat.  Mayoría oprimida.

Prefiero terminar con otro vídeo, de cómo las mujeres hemos cortejado a los hombres a través de la música en las últimas décadas.

Anuncios

Una respuesta a “Los piropos indeseados, las burradas callejeras

  1. Hace semanas que vi los dos vídeos, curiosamente en el orden inverso al que has elegido. Del corto francés llegué al argentino (o chileno, pensaba que era argentino…). Le di mil vueltas porque quería escribir algo pero no me salió. El corto me pareció muy exagerado, pero al fin y al cabo es un ejercicio de empatía brutal. Me ‘gustó’ más el segudo vídeo. Me impactó. Es tremendo. Más sencillo y directo. Creo que no pude escribir nada porque no tenía nada más que añadir y porque afortunadamente no he sufrido personalmente esos piropos indeseados.

    Sólo un episodio: mi amiga María y yo teníamos 15 ó 16 años. Íbamos andando por una calle ancha que iba de la urbanización donde vivíamos a la parada del autobús que íbamos a coger para ir a dar una vuelta. Una calle ancha, de bajada. Por la misma acera, de subida, venía un chico haciendo footing, que es como se llamaba a finales de los 80. Conforme se acercaba a nosotras, se iba metiendo la mano en la entrepierna, dentro de esos pantaloncitos livianos de correr y cuando llegó casi a nuestra altura se dejó al descubierto sus genitales mientras se los tocaba con fruición. Mi amiga y yo nos pusimos a reir. Él siguió corriendo cuesta arriba sin girarse ni decir nada. La verdad es que ahora lo pienso y me tiemblan un poco las piernas. Y sí, molesta y agrede.

    Y a las terribles cifras que comentas añado unas que me rondan la cabeza hace tiempo. Éstas: http://www.cadenaser.com/sociedad/articulo/adolescentes-escuchan-celos-expresion-amor/csrcsrpor/20131119csrcsrsoc_6/Tes. ¿Qué demonios estamos haciendo para que unas adolescentes, de edades parecidas a las de aquellas dos que se cruzaron a finales de los 80 con un cerdo que se sacaba la chorra, crean que los celos son una expresión de amor?

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s