Los bares de tíos

En el mundo hay muchos tipos de bares: los pijos, los jevilongos, los que tienen música para bailar, las cafeterías, los que ponen música que no es para bailar, pero que tampoco te deja hablar, los bares con camareras guapas para que vayan los hombres y con un camarero guapo para que las mujeres también miren, los bares de ambiente en los que no sabes quién está para que le mire quién… los que te ponen un herbolario en el gin-tonic…, los sitios en los que Elena siempre tiene que preguntar: ¿no tenéis música de este siglo?  Y luego, en un planeta aparte, están los bares de tíos.

Estoy convencida de que Darwin se sorprendería si conociera estos lugares donde la evolución (al menos la humana) se ha detenido. En los bares de tíos no hay música, NUNCA, de ningún tipo. Si hay ruido de fondo, será la tele cuando hay un partido de fútbol o el chocar de las fichas de dominó sobre la mesa. El camarero no tiene ni idea de lo que son los botánicos de un gin-tonic, pero sabe perfectamente distinguir entre un belmonte, un carajillo o un sol y sombra, y JAMÁS te echará el coñac, dejará la botella junto al café para que el señor se eche lo que quiera. El señor, porque señoras no hay ni una.

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He estado muchas veces en bares de tíos. Me encanta entrar y ver cómo se para el tiempo y todos los señores apoyados en la barra se giran para mirarme, como si acabara de entrar en un “saloon” del oeste y fuera un pistolero. A veces me asomo a la calle pensando que, de un momento a otro, va a aparecer girando un matorral o llegará un caballo para beber agua.

En los bares de tíos siempre hay gente, no están llenos, pero a todas horas hay al menos uno o dos parroquianos.   Se ve que esos señores no van a la compra, no tienen que hacer la comida, ni recoger niños del colegio. Estos “linces” salen de su casa por la mañana y se plantan en el bar. Le dicen al camarero: “jefe, un carajillo” y ya. Ya han echado el día.

Estos locales los decoró alguien en los años 70 y después nadie ha considerado necesario remodelarlos, ni modernizarlos, ni nada.  Uno de ellos descubrí que existía porque, con la ley que prohíbe fumar dentro, han tenido que salir los parroquianos de esa madriguera en la que estaban metidos, pero la mayoría aún parpadea porque les molesta la luz.

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Hay cosas que no puedes pedir en un bar de tíos. A saber: Coca-cola light o Zero, cerveza “sin”, zumitos, cócteles, comida que no esté frita, verdurita a la plancha, que bajen el volumen de la tele cuando hay fútbol, ceniceros para no echar la colilla y la ceniza al suelo, agua con gas o que te miren como si no fuera tan raro que una mujer quiera tomarse un café en el único bar del pueblo.

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4 Respuestas a “Los bares de tíos

  1. Muy bueno el post, sin embargo de esos bares más que de tíos, por lo rancios y cutres que son a veces los llamo más bien de viejos o de barrio, y abundan. Viven de una clientela fija, sobreviven gracias a bajos costes de mantenimiento y en ocasiones, los más grandes, los fines de semana se llenan de familias.

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