Una señora de 40

Una señora de 40, nunca confiesa su edad y, sin embargo, yo no paro de decirla.

Porque me encanta tener experiencia, aunque sigo siendo una pardilla inocente en un montón de asuntos. Creo en los amigos, a pesar de que me he encontrado a una gran cantidad de tarugos que me han decepcionado, pero a cambio, me he tropezado con personas extraordinarias que lo compensan. Cada vez me resulta más fácil deshacerme de aquellos que pueden herirme. Creo en la familia, porque vengo de una de esas que llaman “desestructurada” y yo creo que en realidad es que nos estructuramos como nos da la gana.  

mafalda40

Una señora de 40, nunca reconocerá que es una maruja a la que le encanta cuidar de sus niños.

Pero a mí me gusta ser una maruja con hijos, a pesar de que siempre me imaginé como una solterona que jugaría con sus sobrinos o como una madre sola luchando contra el mundo, porque los hombres no son necesarios. No son imprescindibles, pero resulta que me encontré con uno que me gusta (y que me entiende) y decidí quedarme con él.

Una señora de 40, nunca admitirá que se tiñe el pelo, o se lo pintará de colores imposibles para que parezca que lo hace por gusto y no porque tiene canas.

Pero yo marco los meses del calendario por las veces que me tinto y sé que me toca relajarme en la peluquería durante dos horas que son sólo para mí, cuando empiezo a verme una corona plateada de reina.

Una señora de 40, nunca admitirá que tiene arrugas.

Y, sin embargo, a mí no me importa encontrarme cambios en la cara.  Quizá porque no tengo muchas marcas y casi todas son de reírme. Tengo una entre las cejas, que espero que sea de pensar mucho y no de estar enfadada.  Y unas enormes ojeras de haber estudiado y leído mucho, de despertarme a mirar si necesitan algo los niños, si tosen, si tienen hambre, si se han hecho pipí encima o si es urgente que su mamá les arrope. Son ojeras que resisten a cualquier descanso, crema o maquillaje.

Nací con pecas en la nariz, pero se me han extendido por toda la cara como una invasión y a mis hijos les divierte contarlas.  Sigo teniendo las orejas diferentes y dando gracias a que me las puedo tapar con el pelo.

También hay un surco pequeño y raro en el labio, que me salió de repente. Me fui a Galicia a ver a mi hermana y al cabo de 10 días encerrada en un hospital regresé con esa señal y con un diagnóstico que aún no termino de creerme.  Esa arruga extraña en el labio me recuerda, cada vez que me miro al espejo, que ella no cumplirá más años, y sin embargo, yo tengo la inmensa suerte de ser una señora de 40.

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Hoy hace un año que estrené el blog, muchas gracias por vuestros comentarios y por leerme, ponga lo que ponga.

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8 Respuestas a “Una señora de 40

  1. enhorabuena por tu blog, me encanta! y ya sabes, no eres una señora de 40, como decía Susan Sarandon cuando los cumplió, eres una chica de 20 con 20 de experiencia!

  2. Ohhh que post más chulo! y que me encanta la foto.

    Yo soy una señora de 40 a falta de 10 días para cumplir 41 y más feliz que todo con mis años. Molimadre es la que hiperventila con eso. Este verano cuando me fui al hospital con el ataque de apendicitis, mientras esperaba en la sala de espera y a mí me veía la doctora, salieron a decir “familiares de la señora de de 40 años con apendicitis” y ella ¡no se dio por aludida! Luego me decía: “mi niña no es una señora de 40 años”.

    Un beso enorme.

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