Las redes sociales como herramientas para los periodistas

Hace unos días, Isabel Franco me invitó a formar parte de una mesa redonda junto a Alberto Castillo y Quique Baeza en la que nos pedía que habláramos de cómo empleamos los periodistas las redes sociales en nuestro trabajo.  Este tipo de invitaciones vienen muy bien porque te obligan a pensar en serio en algo que haces todos los días sin darte cuenta y sacar conclusiones.

Como yo soy muy obediente (casi siempre) tomé algunas notas para comentarlas durante la mesa redonda, aunque luego no las conté de esta manera tan ordenada ni lo pude explicar todo por falta de tiempo y porque el debate se puso interesante. Así que he pensado que este es un buen sitio para compartirlas.

¿Para qué usamos los periodistas las redes sociales en nuestro trabajo?

1. Para contactar con la audiencia.

              En la radio siempre ha tenido un papel fundamental la participación de los oyentes, supongo que no estoy descubriendo nada con esta afirmación, pero ahora es más fácil que nunca conseguirla.  A finales de los años 90, cuando yo era la productora de Enrique Ferrer y Adolfo Fernández, los oyentes aún mandaban cartas a la radio para contarnos lo mucho que le gustábamos o lo terrible que había sido este programa o aquel otro.  Alguna vez incluso nos llegó un fax.  Pero sobre todo, participaban por teléfono.  Y eso tenía algunas desventajas.  Para empezar, en determinados momentos se concentran las llamadas y el pobre señor o señora se pasaba minutos antes de poder entrar en antena. Minutos que Telefónica le cobraba con mucho cariño.  Y luego tenían que superar la vergüenza de hablar en público.  La conversación se establecía entre el locutor y el oyente, era imposible que naciera una conversación entre oyentes, por ejemplo.

               Recuerdo que en mis tiempos de estudiante había un programa musical nocturno (me parece que en Cadena Dial) en el que el locutor nos pedía que apagáramos la luz y encendiéramos un mechero cerca de la ventana.  Si te asomabas a la calle, podías coincidir con algún otro oyente que estuviera haciendo lo mismo y se creaba esa complicidad en la distancia (que yo nunca conseguí porque no era fumadora y no tenía mechero).

               Las redes sociales lo han hecho más sencillo, barato y anónimo, por lo que la participación se multiplica y además, se crea verdadera “conversación” múltiple entre los locutores, los oyentes y todos con todos.  El anonimato lleva el peligro del insulto, pero en realidad por teléfono también corrías el riesgo de que entrara en antena algún descerebrado.

              En este punto, a los periodistas radiofónicos nos queda pendiente aprender a convertir en atractivo para el oyente cosas tan poco radiofónicas como los “hashtag”, que hay que repetir de forma machacona para lograr participación, o la lectura de mensajes sin más.  Las redes nos lo ponen más fácil, pero no está todo hecho.

2. Para crear nuestra propia marca personal como periodistas.

Este punto ya lo comenté en otro artículo ‘Community Manager de mi marca personal (o el futuro del periodismo), y creo que nadie lo discute. Lo que surgió en el debate fue más cómo crear y fomentar tu marca o tu importancia como periodista individual dentro del medio, sin que eso moleste a tu empresa (que es la que te paga).

Aquí me parece importante destacar que los medios de comunicación deberían tener un libro de estilo sobre cómo deben sus empleados usar las redes sociales. Sé que es raro que eso lo demande alguien que utiliza las redes (y que en las jornadas hubo quien no me entendió bien), pero es que me molesta mucho no saber a qué atenerme, no conocer las reglas del juego. Lo ideal sería que los medios de comunicación dijeran “damos libertad absoluta a nuestros empleados para decir todo lo que quieran en las redes sociales”, pero que nos lo pusieran por escrito y lo firmaran. La situación actual, en la que muchos medios aún no han hecho la reflexión necesaria para saber qué quieren que hagas y qué cosas quieren prohibirte, nos deja en una situación de indefensión con la que no estoy cómoda.

                   También nos plantearon si era un problema la inmediatez de twitter, si podía conducir a errores.  Yo creo que eso los profesionales de la radio no lo percibimos como un problema porque esa inmediatez y esa posibilidad de equivocarnos porque los datos todavía son confusos, es algo con lo que convivimos desde siempre con naturalidad.

                   Quizá la máxima que resume la relación entre lo que dices porque forma parte de tu trabajo y lo que comentas en redes sería que: “nunca digas algo en twitter o facebook que no dirías en público o que no dirías por la radio”.  Aunque si empleamos las redes sociales es porque los peridistas somos contadores de historias compulsivos y necesitaríamos 24 horas en antena para contar todo lo que nos apetece.  Así que mi lema es: “no digas nada en redes sociales que no dirías por la radio a no ser que no lo puedas decir por la radio por a) falta de tiempo b) porque es una opinión personal y no tiene por qué ser compartida con tu medio c) porque es una cosa irrelevante (como un chiste o algo que no tiene que nada que ver con tu trabajo).   Por ejemplo, yo soy muy “mamá” en twitter, me encanta compartir frases de niños y enlaces relacionados con la educación y esas cosas no las contaría por la radio.

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3. Para contactar con fuentes.

                En la prehistoria (es decir, cuando yo empecé a trabajar) si querías localizar a un experto, tenías que coger esas malditas Páginas Blancas o Páginas Amarillas en las que te volvías loca intentando encontrar a alguien.  Las odio. Acababa con las manos negras (de la tinta) y estornudando (por la alergia al polvo que se acumulaba en esos listines). Si el tipo en cuestión se llamaba García o Martínez, encontrabas a 50 iguales y si era una mujer, no había nada que hacer porque en los listines se ponía al “cabeza de familia”.   Si le localizabas, tenías que rezar para que estuviera en casa o en el despacho, si es posible justo al lado del teléfono.  Y que tuviera ganas de hablar de lo que tú querías preguntarle y cuando a ti te venía bien. Lo que me sorprende viéndolo con perspectiva histórica, es que alguna vez lograra meter a alguien en antena.

                Internet facilitó ese trabajo de tal manera que no he vuelto a coger un listín en mi vida (más que para mandarlos directamente a reciclar). Y las redes sociales aún más. Es cierto que no todo el mundo al que quieres localizar está en twitter, facebook o linkedin.  Pero el que está, no solamente es fácil de localizar, sino que, en cierto modo, ya te está diciendo que puedes llamarle sin problemas.  Y mandar un mensaje de correo o de twitter, no molesta, no es tan invasivo como llamar por teléfono ni te despierta de la siesta…

                 A través de twitter o facebook nos llegan también multitud de convocatorias de asociaciones que tienen mucho que contar, pero no sabían cómo llegar a los medios de comunicación.  Si es fácil llegar a un experto o a una fuente interesante porque está en redes sociales, también es más fácil llegar al periodista que decide estar.  Muchas asociaciones tienen un carácter amateur y una página web de presentación chapucera en la que se les olvida poner un teléfono de contacto.

                  Me he encontrado en ocasiones a miembros de colectivos que nos recriminan que los medios no les hacemos caso y a veces hay que contestar. “alma de cántaro, y ¿cómo te localizo si no apareces en ningún sitio con un teléfono para llamarte?, ¿si en ningún lugar te has molestado en poner el nombre de alguien a quien llamar?, ¿si mando un correo y el webmaster (ese colega que te hizo el favor) me contesta al cabo de tres meses?”.  Al otro lado de una cuenta en facebook o en twitter, hay un teléfono y una persona que lo tiene en la mano y ¡por fin! puedes hablar con alguien.

4. Para personalizar contenidos. 

                   Volviendo a la prehistoria, cuando empecé en la radio me daba tiempo a mirar tres o cuatro periódicos cada mañana (he dicho mirar, no leer).  De nuevo acababas con las manos negras y estornudando (cada uno tiene sus manías).  Ahora puedes personalizar en tu pantalla (con feedly y con las redes sociales) lo que te interesa leer y amortizas mejor el tiempo.

5. Pasan cosas EN las redes.

                    En las redes sociales se organizan convocatorias y se moviliza hasta el punto de crear de manera espontánea manifestaciones como las del 15-M.  Si no estás presente, te enterarás tarde.  Pero además, hay cosas que sólo pasan en las redes y se convierten en noticias: el vídeo que se hace viral y del que todo el mundo habla, la metedura de pata del político o famoso de turno, o la publicación de comunicados directamente en twitter o facebook, la polémica entre dos que se han enzarzado a discutir SOLO en las redes…

Y por último, pero no menos importante

6. Las redes sociales nos permiten la conversación entre medios, entre periodistas

                      En estos momentos en los que somos casi la profesión más castigada, las redes nos ofrecen la posibilidad de conocernos, de hablar entre periodistas, de compatir intereses, de crear cierto corporativismo (que en pequeñas dosis no es malo) y de generar debates que nos permiten aprender unos de otros.

                     Aunque parezca raro, los periodistas de radio leemos a los compañeros de la prensa pero casi no podemos escuchar a los de otras emisoras porque hacemos nuestro trabajo de manera simultánea.  Yo que he trabajado dentro de Onda Regional casi toda mi carrera, prácticamente sin salir a ruedas de prensa, he conocido y he hablado más con mis compañeros de otros medios en este último año (que estoy activa en redes sociales) que en los 17 anteriores.

                       Si después de este rollo monumental, no te he convencido de que es necesario estar en redes sociales y saber emplearlas en el trabajo de periodista, te propongo que continúes con este artículo de Javier Ruíz.

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