Pon un bibliotecario en tu vida

Hace mucho tiempo yo era una niña de 9 años que se había leído todos los libros que había en mi casa, incluyendo muchos que no entendía, como las novelas negras de mi padre o la Ilíada de Homero (no se lo recomiendo a nadie de esa edad). Yo vivía en la Plaza Circular con Alfonso X y muy cerca, sólo cruzando un paso de cebra y un paseo, estaba la biblioteca.  Así que mi madre decidió hacerme socia y empecé a leerme libros por estanterías: Los Hollister, Antoñita la Fantástica, El pequeño Nicolás, Celia y Cuchifritín, Roald Dahl, Michael Ende, Maria Gripe… cuando terminaba una colección, empezaba la siguiente.

museoarqueologico

En la zona infantil había un señor con barba muy simpático que cada vez que me veía terminar una leja, me decía, “¿has leído Charlie y la Fábrica de Chocolate’? y así me iba descubriendo autores. No daba el follón, ni te acompañaba a buscar libros de manera agobiante, él me dejaba hacer y cuando me veía con cara de perdida o que había cogido un libro como La Odisea, entonces, intervenía.

Recuerdo un día que yo iba con mi madre y me lo encontré por la calle.  Entonces sabía cómo se llamaba, pero me resultó rarísimo verlo fuera de su entorno, cuando eres pequeño ver a tu maestro fuera del cole o a un cura con ropa de normal te parece una incongruencia y yo no entendí muy bien que ese señor no viviera detrás de su mesa de la zona de infantil.  Se paró a saludarme y me pidió que le presentara a mi madre y yo le dije mamá, este señor es el de la biblioteca, y me quedé tan orgullosa de pensar que yo era una mujer de mundo que podía presentarle a mi madre a una persona mayor.

En BUP ya no iba tanto para coger libros, pero entonces no existía internet y los trabajos de clase los hacíamos allí. Una vez me encargaron un monográfico sobre invertebrados y le dije: “he pensado hacerlo sobre mariposas”.  Me miró como si esperara más de mí: “tu profe estará harto de que le hagan trabajos de mariposas, ¿sabes de qué no se lo habrán escrito nunca?, de las esponjas”. Y así me sumergí en la vida de las esponjas que, hasta entonces, ni siquiera sabía que era un animal.

En mi último año de carrera me encontré al volver a Murcia que vivía de nuevo al lado de la biblioteca, un edificio enorme y sorprendente… y me acerqué con mis fotos de carné para hacerme socia.

bibliotecaregional

Cuando llegué, estaba el mismo bibliotecario con barba.  Habían pasado más de seis años y estaba convencida de que no se acordaría de mí. ¿Cuántos niños, cuántos adolescentes vería ese hombre a lo largo de sus años de trabajo? Me acerqué y le pregunté: “¿qué necesito para hacerme socia?”. Y me contestó: “querrás decir para renovarte el carné, como tú eras socia de la biblioteca de Alfonso X, sólo te lo tienes que renovar”.  Le hubiera dado un abrazo, como si me hubiera vuelto a encontrar a alguien de mi familia, pero no era ese tipo de persona.

Ahora que mis dos hijos ya saben leer estoy yendo mucho otra vez a la biblioteca. Él ya se ha jubilado, pero hay otros. Algunos se toman incluso el tiempo de escribir este blog que os recomiendoCon los niños actuales hay que hacer más “marketing” para engancharlos a la lectura y ellos lo saben.  La semana pasada descubrimos qué eran las mochilas Top Secret (cuidado que se autodestruyen si no las devuelves).  Llevan dos libros y una película y están adaptadas a diferentes edades. El niño no puede abrirlas hasta llegar a su casa, aunque los míos lo hicieron nada más perder de vista al bibliotecario.  En la de Nico había una película clásica: ‘Tiempos modernos”. Tuve que explicarles lo que era una película muda y que luego el cine se hizo sonoro y quien era Charlot…  Jamás se me hubiera ocurrido ponerle esa película a un niño pequeño acostumbrado al 3D y las tabletas.  Pero funciona, por eso es un clásico.  Nos reímos muchísimo viéndola.

Espero que en este furor recortador que tienen algunos responsables políticos, no entre la biblioteca.  Ya hemos escuchado decir a alguna alcaldesa que las “bibliotecas no dan dinero”. Es verdad, no dan dinero, dan algo mucho más importante.

ACTUALIZACIÓN:  me recuerda Ana que el furor llegó hace tiempo. Es verdad, ya no abren los domingos y el verano tienen un horario que da pena y las cuentacuentos que antes venían y que pertenecían a una empresa, ya no están contratadas. Y como se siga deteriorando así el trabajo de los bibliotecarios, se quemarán y no tendrán ya ganas de hacer cosas originales como las que hacen.

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17 Respuestas a “Pon un bibliotecario en tu vida

  1. el “furor recortador” llegó hace mucho a ésta, igual que a otras bibliotecas: tú lo sabes, has entrevistado a gente de asociaciones que reclaman que vuelva a abrir los domingos o que se admitan peticiones para comprar libros…

  2. Es verdad Marta!!Qué recuerdos! A mí también me ayudaba ese señor de barba que recuerdo perfectamente como si lo estuviera viendo ahora!…me acuerdo también del inolvidable “olor a libros”, de pasarme las horas muertas por allí disfrutando solo de leer los titulos de los lomos con la cabeza torcida…jajaja..

  3. Dentro de lo malo, se han conseguido mantener los cuentacuentos los sábados, el horario de verano es el de siempre, eso sí, los domingos se tuvo que cerrar, desde luego los presupuestos han menguado considerablemente. Pero después de este post, está claro que merece la pena seguir luchando por mantenerla en marcha. Muchas gracias Marta de parte de todos los trabajadores de la biblioteca.

  4. Todo apunta a nuestro compañero Salvador, aunque había dos compañeros con barba en aquellos tiempos, y que se situaban cercanos a la zona infantil. Pero por las características que relatas, apostaríamos por Salvador, una persona y profesional estupendo que hace años se jubiló.

  5. Gracias Marta desde Mar del Plata (Argentina)!!! Hermosas tus palabras! Soy bibliotecaria desde hace 8 años en la Sala Infantil de la Biblioteca Pública Central de la ciudad. Me sentí identificada cuando contas que el sr de barba te dejaba elegir tranquila y si te veia media perdida te ayudaba. Amo mi profesión y trabajar en la biblioteca para niños es un placer! Saludos! Les dejo el facebook para que nos conozcan: sala infantil biblioteca Leopoldo MArechal.

  6. Me has recordado a mi de niña aunque en mi caso no recuerdo a mis bibliotecarios, sí recuerdo las estanterías organizadas por series: Puck, Los Cinco, Los Hollister.. luego pasé a la de los mayores y ahí me leí desde los clásicos (Shakesperare, Benito Perez Galdós,..) hasta ciencia ficción.
    Ahora vivo en Santa Cruz justo en frente de la Biblioteca y solemos ir bastante tanto mis hijos (tienen 4 y 1 año) como yo. Ahí si que me conozco a los bibliotecarios y ellos nos conocen y lo más importante para mí, conocen a mis hijos. Para mis hijos es una diversión ir a la biblioteca, me encanta como la tienen y como intentan hacer cosas para los menudos a pesar de los recortes. Nosotros también hemos sufrido que quitaran los cuentacuentos (aunque al final pudieron organizar dos o tres actividades) y echamos mucho de menos que no abran los fines de semana.
    Te copio la idea de la mochila top secret, voy a comentársela a mi bibliotecaria a ver si pueden hacer algo parecido.
    Besos

  7. Gracias, Marta, me ha gustado mucho. Yo también recuerdo al bibliotecario con barba que atendía la zona infantil en el edificio de Alfonso X. Cuando vine a vivir a Murcia, mis hijas tenían 6 y 3 años, y nos hicimos el carné de la biblioteca. Muchas tardes, al salir del colegio, íbamos a coger cuentos y novelas. Siempre te atendía con amabilidad y te daba consejos acertados.
    Como bibliotecaria siento que no hay mayor satisfacción que dejar un buen recuerdo en quienes se acercan a nosotros en busca de ayuda. Es lo que más me gusta de mi profesión, tratar con la gente, escuchar sus peticiones, ver como resolver lo que plantean.
    Gracias de nuevo!

  8. Hola Marta:
    Me gusta el fondo de tu post y lo comparto, pero creo que te gustas demasiado, rozando la pedantería. Ningún niño de 9 años debe leer novela negra, y si tus padres te dejaron hacerlo no me parece adecuado. Una versión adaptada de la Ilíada me parece una mejor elección.
    A mi también me gusta la lectura y también intento despertar esa afición en mis hijos, pero para eso no necesito ser, ni presumir de “campeón del mundo” de lectores.
    Resumiendo, que me parece muy bien tu homenaje a Salvador el bibliotecario, seguramente muy merecido, pero tus hazañas lectoras me han resultado un poco empalagosas.
    No sé por qué escribo esto; simplemente he llegado aquí a través del enlace de un bibliotecario y tu post me ha impulsado a escribir. Por supuesto lo hago sin ánimo de ofender y con intención constructiva.
    Un cordial saludo,
    Javi

  9. Hola, Marta. Me ha encantado tu post. No se porque, pero cuando voy a la biblioteca nueva y busco algo en el ordenador, me vienen a la cabeza las fichas de papel y las hileras de pequeñas y largas cajoneras que había en aquel edificio. También recuerdo el sudor frío de llegar con el libro días después de que se te hubiera perdido y escuchar que te sancionaban. Entonces era casi como sí me hubieran puesto una sanción de hacienda. Y eso que como tu bien dice ese señor al que yo creo que recordamos todos los niños de Murcia era tremendamente amable.

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