Es tiempo de vacas

Llevo un tiempo en los que me aparecen vacas por todas partes. Teniendo en cuenta que no estoy de vacaciones y no voy a ningún sitio, por todas partes quiere decir en un montón de noticias y mensajes en redes sociales (mi vida es triste y friki en estos momentos).  Lo primero que leí en realidad no tenía que ver directamente con las vacas, pero sí con la leche (está traído por los pelos pero es por donde empecé a tirar del hilo).

Hay un señor, estudioso de costumbres y profesiones antiguas, que aseguraba el otro día en La Verdad que existían en la antigüedad unos hombres que se dedicaban al oficio de mamar. Requisito imprescindible para ser mamador era que no tuvieran dientes. Se dedicaban a chupar de las tetas de las recién paridas para “desatascar” los conductos y facilitar la alimentación del bebé y para eso bebían alcohol antes para desinfectar.  Me parece completamente delirante.  Lo de que los calostros tarden en salir porque son muy espesos, me lo creo porque lo he visto y sé de al menos una amiga a la que la matrona le dijo “dile a tu marido que chupe fuerte y así será más fácil”.  A tu marido, no a un viejo desdentado asqueroso que viene a casa apestando a coñac. Y al que encima  había que pagarle. Sencillamente, no me lo creo.

Y unos días después, me entero que existía otra “profesión” aún más asquerosa: soplador de vagina de vaca. En la noticia de Es Materia te explican que en muchas culturas distintas y distantes tenían la creencia de que soplando la vagina de la vaca se conseguía una especie de “embarazo psicológico” y salía más leche.  Lo que no te dicen en la noticia es si la cosa funcionaba. Imagino que sí, porque si uno pasa el mal rato de poner la boca en la vagina de la vaca (si veís las fotos del artículo eso te deja la nariz directamente en el culo del animal en cuestión) y no logra más leche, seguro que no lo vuelve a hacer.

vaca

Hablando de tener la nariz en el culo de una vaca, resulta que las flatulencias de los rumiantes son causantes del cambio climático, más o menos. Las vacas expulsan metano, que es uno de los gases que producen el efecto invernadero y que nos preocupa muchísimo cuando se trata de criticar el fracking.  No es algo para que nos lo tomemos a broma porque existen muchas probabilidades de que las flatulencias de los dinosaurios los llevaran a su propia extinción. Y sin embargo, lo único que se nos ocurre es sacar a las vacas en las fiestas de los pueblos o meterles más aire por la vagina (¡insensatos!), aunque esto al parecer ya no lo hacemos.

Hay un laboratorio que sí se está preocupando del tema y para no obligarnos a todos a ser vegetarianos ha desarrollado una hamburguesa de laboratorio. Ya no sería necesario tener tanto terreno dedicado a comida de vaca, ni tantas vacas sufriendo con una vida friki como la mía confinada en un sitio pequeño (aunque ellas sin ordenador ni conexión a internet) ni tendríamos que soplarles en ningún sitio ni aguantar sus flatulencias peligrosas.  Pues de esta última noticia es de la que he leído más críticas. No entiendo nada.

Si pensáis que todo esto que he escrito no tiene sentido y que se me ha ido la pinza, dejadme dos semanas más hablando sola por la radio y veréis. Es tiempo de vacas… de que me tome vacaciones de una vez.

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