Desde dentro de Onda Regional

Cuando te sientas en el estudio ‘Mariano Velázquez’ de Onda Regional, detrás de la Avenida de la Libertad (doy todos estos datos porque muy pronto dicen que nos van a cambiar de sitio), ves una entrada de garaje y la parte de atrás de una tienda muy glamurosa que, sin embargo, tiene un trasero muy cutre.

Nuestro estudio da a la parte de atrás de todo. Hay más aires acondicionados sacando calor hacia los transeúntes que escaparates para que los miremos.  Es una calle con complejo de clandestina.  Los cristales del estudio nos dejan ver lo que pasa fuera sin que a los escondidos locutores se nos vea demasiado. Por eso hemos visto a borrachos orinando, a parejas que necesitaban urgentemente buscarse un hotel, a clientes amenazando con paraguas a un empleado de banca o a mujeres usando nuestro cristal como espejo para retocarse el pintalabios o mirando si se les quedó lechuga entre los dientes.

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Hemos visto como cerraba el restaurante Barlovento y abría La Gran Taberna. Los camareros casi eran compañeros de trabajo, nos sabíamos sus nombres y ellos asociaban nuestras caras al tipo de café que queríamos desayunar. Nos preparaban la comida de Navidad a los desafortunados que se quedaban de guardia trabajando. Pero el dueño del local decidió que quería cobrar el triple por el alquiler y que le daba igual si eso suponía el despido de un puñado de familias. El interior lleva tres años vacío y deteriorándose como si quisiera vengarse de ese tipo avaricioso.

En el resto de la calle van cerrando y abriendo tiendas, algunas permanecen: como la mercería de Mari, donde los técnicos de la radio aprendieron lo que era el velcro y que con eso se soluciona prácticamente todo lo solucionable de esta vida, la pollería que me hacía reir de pequeña porque creía que era una palabrota, una farmacia, una tienda imposible que vende uniformes militares…  Y luego los que ya no están, como un herbolario en el que jamás vi entrar a nadie y que siempre sospeché que era la tapadera de un narcotraficante, a pesar de que el dueño tenía cara de no haber roto un plato en su vida.

Cuando hacía el programa con Enrique Ferrer, recuerdo que había un señor que pasaba con un transistor apoyado en el cuello y pegado a la oreja. Se quedaba con la frente en nuestro cristal para poder vernos y se reía de las cosas de Ferrer. Daba un poco de miedo, pero era inofensivo. Hace tiempo que no viene.

Recuerdo cuando había un equipo (técnico y redactor) que salía en la unidad móvil a contar cómo estaba el tráfico. La última conexión era casi a las 9 regresando a la Onda y muchas veces ya entraban en antena cuando estaban aparcados y se quedaban sentados hablando desde el coche y aguantando la risa cuando les pillábamos desde nuestro cristal.

En un lateral hay un reservado para que dejemos las unidades móviles y justo enfrente, un trocito que el ayuntamiento ha olvidado pintar de zona azul. Caben unos cuantos coches que se ahorran pagar la ORA.  Cuando se queda un sitio libre, el técnico pega un grito para que alguien de la redacción se aproveche.  Casi siempre era Lola la que podía pillarlo y María Luisa la que salía dispuesta a guardarle el sitio y a liarse a mamporrazos con quien quisiera quitárselo. Hemos vivido escenas muy emocionantes desde dentro del cristal y hay que reconocer que María Luisa ganaba casi siempre. Y que nunca hubo sangre. A las dos se las ha llevado el ERE. Por ahora.

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Y en esas horribles columnas plateadas he colgado carteles de elecciones sindicales, de comidas de Navidad, mi invitación de boda, si había nacido alguno de nuestros niños, los funerales en los que hemos llorado juntos y el omnipresente anuncio del cambio de hora dos veces al año. Ese anuncio también se lo ha llevado el ERE.

Los lugares no son tan importantes como un puesto de trabajo o un compañero que se va. Pero también son parte de la radio que hacemos y también duelen. Y lo han vendido para poner por delante un escaparate precioso y por detrás, una pared cutre que escupa calor a la calle. Nunca había estado tan vacío como este 15 de agosto.  Llevo allí 18 agostos y está claro que ya no pasaré ninguno más.

Echaré de menos el estudio “Mariano Velázquez” y las tiendas y los borrachos y las parejas que se magreaban y las peleas por el aparcamiento y el suelo que provoca rampazos de corriente y el minúsculo frigorífico… Y además tendré que confesar que perdí la llave de mi taquilla cuando me tomé mi primera baja maternal hace 8 años y no sé lo que dejé dentro…

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12 Respuestas a “Desde dentro de Onda Regional

  1. ahora mismo, no puedo decir nada, con las lágrimas casi que no veo….. es alucinante…. y seguro que suena cursi: ES PRECIOSO. En cambio en un programa de internet que emiten en la 7 una chica habló de los blogs que hacéis algunas mujeres. Habló de una señora que trabaja en la Universidad (creo) y sobre todo de tí. Como ves hay gente que te leemos. Un fuerte abrazo. Y repito, este blog ha sido alucinante…… Siento no haber podido haber hablado contigo un poquito más cuando nos cruzamos en El Corte Inglés.

  2. Alguien dijo una vez que el “El buen paño en el arca se vende”, y no encuentro mejor argumento para corroborar la nota de Marta Ferrero. Ni Onda Regional ni las personas que lo integraron hasta hace unas semanas, algunas de ellas, ¡gracias a Dios! siguen en sus filas, necesitaban un escaparate para venderse. Tengo que reconocer que me he sentido identificado con aquellos oyentes que, según Marta, miraban a través de los cristales oscuros para ver si veían alguna cara conocida. No es menos cierto que yo tenía un motivo; conocía a los locutores y ellos a mí, pero ni yo conocía sus caras ni ellos la mía; cosas del trabajo… Un día, hace ya algunos años, cuando aún existía la Gran Taberna, me armé de valor y aprovechando que tenía que hacer unas gestiones en un lugar cercano, decidí acabar con el anonimato y llamé a esa puerta trasera, que da a esa calle con complejo de clandestina y entré. Por supuesto nadie me conocía, pero, apenas dije quién era, resultó que tenía más amigos allí que en lugares a los que asistía asiduamente; amigos que no nombraré por miedo a que alguno se quede en el tintero injustamente, pero que pase lo que pase, espero no perder. Me da igual que se vayan de la radio o que se queden y los cambien de sitio. De donde nunca se irán será del lugar que todos ellos ocupan en mi corazón.

    Antonio Marchal Sabater

  3. Pero esto siempre es así. Y te lo dice una persona que tiene ya a sus espaldas, muchas experiencias al respecto. Este será el último agosto en esos estudios, pero os marcháis a otros que ya tienen “sus historias”, las de otro barrio de esta Murcia tan variopinta. Allí donde os envían en poco tiempo, ya se han vivido otros acontecimientos cotidianos; tanto dentro de esos cristales, como fuera. Allí, la calle no es clandestina porque tiene una clara identidad reconocida donde lo verde es el decorado natural. Lo que sí encierra es un cierto halo de misterio y miedo a ciertas horas de la madrugada. Es, también, frontera entre el mundo más normalizado y el, éste sí, de la clandestinidad (los sin papeles). El que puede parecer que “provoca” la marginalidad y lo propicio para delinquir. Pero es sólo un breve espejismo. Es un buen barrio y mejores Estudios, para continuar desarrollando esa bendita profesión que es la Radiodifusión. Allí, los cristales de los Estudios están más lejanos de la calle, pero no los de las Redacciones o los controles de sonido. Esos tomarán el relevo de vuestro Estudio “Mariano Velázquez” (al que muchos recordamos), para escribir más páginas de otras vidas que transitan por esa zona de una Murcia en constante cambio, aunque sin perder su esencia y don de gentes. Ya verás, Marta, cómo te gusta, os gusta, vuestro nuevo destino. Naturalmente, si no se “tuercen” las cosas.

  4. Eso espero, Andrés, que no se tuerzan. Si heredamos los estudios de RNE, por lo menos será un local que ya tiene radio por todas partes, no habrá que empezar de cero. Ya os iremos contando. Besos, compañero

  5. Cuando hay puestos de trabajo en juego y desgraciadamente algunos de ellos ya perdidos (por el momento) me parece frívolo hablar de recuerdos y añoranzas de alguien que como yo solo fue un pipiolo transeúnte de paso que lo único que puede es dar las gracias por haber aprendido tanto de tantos profesionales y mejores personas. Pero hecha esta matización siento que un pedacito de mi vida y de algunos de mi mejores años se cierra con ese estudio. sólo me consuela tener la seguridad que algunos (y espero que ojalá todos) allí donde trabajéis ahora seguiréis manteniendo el alma de nuestra radio, la de todos los murcianos. La radio que siempre ha llegado donde no llegaba nadie. Un abrazo fuerte Marta P.D lo de los borrachos y los “enamorados” era un absoluto clásico. Incluyendo las ambulancias que venían a recoger los comas etílicos que ya no tenían remedio.

  6. ¡Qué bonito escribes, Marta. Leí el otro día el de la petición de mano y ahora este y me han gustado mucho. Este tiene una sencillez que lo hace entrañable.
    Y efectivamente, a pesar de que yo solo voy los miércoles, creo que echaré de menos el “Mariano Velázquez”, como sigo echando de menos a Lola Martínez que cuando llego a las 11 no está haciendo el anuncio del colchón.

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