Cuando llega la primavera

Sé que voy contracorriente porque a todo el mundo le gusta la primavera, esa primavera murciana que dura meses, a la que no hay que esperar a finales de marzo porque consigue colarse desde febrero y a la que no perdemos de vista hasta que empezamos a hartarnos de calor en junio.  Pero a mí me pone enferma. Por eso, cuando en el taller de escritura nos dijeron que intentáramos describir un sentido, se me ocurrió hablar del olfato y hoy, que ya no puedo respirar, me he acordado de este texto.

2013-03-19 18.26.26

Antes de que llegue la primavera, soy capaz de darme cuenta de que va a llover por el cambio en el olor del suelo, que ya no deja un regusto a polvo en el paladar, sino que se vuelve húmedo como la arcilla.  Y cuando llueve, la ciudad tiene una luz diferente y entra hasta la garganta el sabor a hierba cortada y tierra agradecida, que se nota incluso en los pulmones.

Antes de que llegue la primavera, las manos huelen a frío y las flores a crisantemos intensos, que me hacen sentir entre las cejas un calor extraño.  Al salir de las tiendas se pierde la temperatura cálida y pringosa del interior, las vaharadas de humanidad cubierta de abrigos y llega de golpe el olor de las brasas de las castañeras.

Antes de que llegue la primavera, ya empiezan a explotar de blanco los almendros, y se llena el aire de los pétalos voladores de las flores rosas de melocotoneros.

Pero justo después, llega la primavera y las calles se llenan de pestes que no vemos y que casi no percibimos.  El polen de los olivos, que no tiene nada que ver con el aroma dorado del aceite, el de los plátanos de sombra, con sus plumas blancas flotando hasta que se pegan al pelo o a la ropa, el de las gramíneas y las parietarias, o  el polen de la  plantago lanceolata, a la que siempre me imagino esperándome con una lanza a la vuelta de la esquina, porque en realidad no sé muy bien qué planta es. Y los ácaros suben por mi colchón con su fétido aliento de dragón asqueroso que no puedo oler. Y mi cuerpo se defiende de todos con agua que cae tranquila, pero sin descanso de la nariz y de los ojos y a veces pienso que hasta del cerebro. Cuando casi no puedo respirar, mucho menos percibir olores o fragancias, entonces intento acordarme de cómo es antes de que llegue la primavera.

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