Ya no compramos maletas

Tengo debilidad por las maletas. No por los bolsos, de hecho, los bolsos que me gustan son los que parecen maletas. No es que me gusten las maletas porque adoro viajar, es que creo que adoro viajar porque es la excusa para tener maletas, hacer maletas, deshacer maletas… Es raro, lo sé.

Desde pequeña me emocionaban las mochilas y los estuches llenos de bolsillos, donde cada cosa tiene su lugar determinado y el cartabón o el compás sólo caben en el sitio del cartabón y el compás (por cierto, ¿para qué carajo servía el porta-ángulos?). Cuando me fui a estudiar fuera de casa,  una de las cosas que más ilusión me hizo, fue que mi madre me dejó llevarme un macuto enorme y precioso en el que cabía perfectamente el perchero y la lámpara de Mary Poppins (sin necesidad de magia).  Sin embargo, no aproveché mi boda para que me regalaran maletas y, cuando estaba embarazada decidí tomarme el asunto de la canastilla en sentido amplio y me compré un juego estupendo de maletas duras. Lo compré como debe hacerlo la hija de una dueña de comercio pequeño: en la tienda de la esquina. Un local en el que me quedaba parada a veces porque el escaparate estaba lleno de maletas, mochilas, bolsos… mi paraíso.

maleta

Lo llevaban dos señoras muy amables, una iba por la mañana y otra por la tarde.  Me dejaron mirar todas las maletas, hacer todas las preguntas que quise y que me las llevara a casa de una en una.  Cuando se me rompió una de las ruedas, me ayudaron a arreglarla.  He usado mucho esas maletas, han ido a Edimburgo, a Nueva York, a Galicia… Pero este año no he podido viajar.  Como tantos españoles me he agobiado con el tema del dinero y no me animé a hacer ningún gasto extra.  Cuando vi que en el escaparate colgaban lo de “liquidación por cierre” fue como si me dieran un golpe bajo.  ¿Ya nadie viaja?, ¿nadie necesita maletas?, ¿todos los murcianos han hecho como yo, se han sentido agobiados y han decidido quedarse en casa?

Luego abrieron un local de juguetes eróticos y pensé: ya está, como no viajamos, aprovechamos para pasarlo de muerte en casa con lo que podemos.  No llegué a entrar en la tienda, pero tuve que dar muchas explicaciones extrañas a mis hijos cuando se fijaban en algo del escaparate.  No duró mucho, unos meses.  Durante un par de semanas estuvo vacía, luego empezaron a hacer obras y no lograba descubrir qué iban a poner.  Y abrieron una frutería.  Productos básicos, pensé, a eso sí que no podemos renunciar.

Pero no hay dos señoras que se turnan en la tienda, hay un montón de indios que yo creo que viven allí.  Cuando paso a las 7 de la mañana, ya están descargando el camión y a las diez de la noche, todavía están vendiendo fruta.  Y abren los sábados y les he visto algún domingo.

Vais a pensar que estoy loca, pero me siento culpable.  En el negocio del que vivían dos señoras que tenían tiempo de conciliar su vida familiar con la laboral, ahora hay un montón de gente con horario de esclavos.  Donde había un escaparate que me permitía soñar, ahora hay naranjas.  Y no puedo evitar pensar que es porque no me fui de viaje, no desgasté mis maletas y no me vi obligada a comprar otra.  Porque hice como todos y “retraje mi consumo”.

Así que ahora que en otro local han cerrado la tienda de ropa infantil y van a abrir una de tatuajes, paso cerrando los ojos porque no quiero que me dé por pensar que debería tener otro hijo para ayudar a la economía.

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2 Respuestas a “Ya no compramos maletas

  1. Que bonita y sencilla manera de contar las cosas! Que bien cuentas una cosa triste haciendo reír. Me ha gustado mucho.

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